Centenario: Nuestra Misión y Valores Medulares

Una Iglesia en la Tradición Wesleyana: Nuestra Misión

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…

La Iglesia del Nazareno es una iglesia de la Gran Comisión.

Como tal, nuestros miembros procuran testificar fiel y atractivamente a todas las personas, para que la vida de Cristo en uno atraiga otros al amor, la adoración y el servicio de Dios.

Somos llamados, especialmente, a predicar el evangelio al pobre.

Los vehículos básicos por medio de los cuales llevamos nuestra misión son los siguientes: adoración colectiva, evangelismo, ministerio de compasión, discipulado cristiano, y educación.

Debido a que todo el pueblo de Dios constituye “la Iglesia” y porque cada cristiano es llamado al ministerio por virtud de su bautismo, cada creyente en la Iglesia del Nazareno tiene parte en la misión a la cual somos llamados como cuerpo.

La Iglesia del Nazareno sustenta tres valores esenciales importantes:

1. Somos un Pueblo Cristiano: Como miembros de la iglesia universal, nos unimos a los verdaderos creyentes en la proclamación del señorío de Jesucristo y en los credos trinitarios históricos de la fe cristiana.

Apreciamos nuestra herencia wesleyana de santidad y la consideramos la manera de comprender la fe verdadera de acuerdo con la Escritura, la razón, la tradición y la experiencia.

2. Somos un Pueblo de Santidad: Dios, quien es santo, nos llama a una vida de santidad.

Creemos que el Espíritu Santo desea efectuar en nosotros una segunda obra de gracia, conocida con varios términos incluyendo “entera santificación” y “bautismo con el Espíritu Santo” limpiándonos de todo pecado; renovándonos a la imagen de Dios; dándonos el poder para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y produciendo en nosotros el carácter de Cristo. La santidad en la vida de los creyentes se entiende más claramente como semejanza a Cristo.

3. Somos un Pueblo Misional: Somos un “pueblo enviado” que responde al llamado de Cristo y es capacitado por el Espíritu Santo para ir al mundo, a testificar del señorío de Cristo y participar con Dios en la edificación de la iglesia y la extensión de su reino (2 Corintios 6:1). Nuestra misión (a) principia en la adoración, (b) ministra al mundo en el evangelismo y la compasión, (c) anima a los creyentes a la madurez cristiana a través del discipulado, y (d) prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano a través de la educación cristiana superior.

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